El gol de Venezuela
February 4, 2010 No Comments
Hans Graf
blogvinotinto.com
En su libro Gol de Venezuela un grito esporádico pero inolvidable, Edgardo Broner narraba uno a uno los pocos tantos que las selecciones de Venezuela habían conquistado en su duro trajín a lo largo de más de siete premundiales y varias Copa América. Contados con los dedos de la mano, en cada encuentro de la eliminatoria la Vinotinto apenas si alcanzaba levantar a los aficionados de sus asientos unas pocas veces. Aquel triunfo ante Bolivia en la ruta al Mundial de 1982 con gol de Acosta, un futbolista que hoy es triatleta y a sus 50 años se mantiene firme, trazó el primer triunfo venezolano. 1-0 tanto de cabeza, inolvidable. Luis Herrera Campins, presidente de la República en la época, estaba en las tribunas cuando la Vinotinto no valía nada y sus goles eran algo así como un regalo caído del cielo. Dicen que comió torontos y al ahogarse le ofrecieron agua, pero el contesto “ agua no, chicha, chicha”
Argenis Tortolero en un choque contra Uruguay en el Brígido Iriarte, un estadio hecho de madera a la usanza de los recintos ingleses, puso el primer tanto en la eliminatoria mundialista. Se lo marcó al legendario arquero Mazurkiewicz. Ese gol fue un inicio que apenas tuvo replicas en los sucesivos años. El grito de gol quedó ahogado muchas veces hasta que en el 2002, en la recta final de la ruta a Corea-Japón los Vinotinto explotaron. 2-0 ante Uruguay en Maracaibo, 0-2 contra Chile en Santiago, luego 3-0 ante Perú en San Cristóbal, 3-1 contra Paraguay nuevamente en el Pueblo Nuevo tachirense. A partir de ahí el grito de gol se convirtió en regular. Dejó de ser extravagancia para agregarse al menú de exigencias de la afición.
El último tanto de la selección de mayores fue en la derrota 1-2 en Cachamay contra Paraguay en el 2009. La Vinotinto dejó muchos asuntos pendientes. Ya tiene los goles, que debe multiplicar en la siguientes eliminatoria para lograr que ese grito se reproduzca, como eco fiel, en los espacios de un Mundial de Fútbol.
El gol Vinotinto ya no es un milagro, es una obligación.
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