For the good of the game…
June 27, 2010 No CommentsEl fútbol es muchas cosas. Elijan un adjetivo y seguramente servirá para definirlo, para complementarlo o incluso para borrarlo del mapa para aquellos que como Bill Clinton todavía no entienden nada y procuran explicaciones sobre la reglas del juego con los personajes menos acertados como Jospeh Blatter o el propio Mick Jagger.
El fútbol es una pasión difícil de entender, ¿acaso no lo son todas las cosas que nos mueven al sin sentido?, esas que nos alejan de la estructura formal de nuestro pensamiento, de lo que los aburridos teutones llamamos la razón. El amor es pasión y eso nos hace irracionales, de ahí el fútbol consigue sus excusas, sus justificaciones. Se nutre de nuestras imperfecciones. El amor no hace falta explicarlo, así tampoco pareciera que el fútbol requiere de tales compromisos.
El fútbol es así y ya. Es un fenómeno complejo que compromete casi por entero a la humanidad (salvo quizá en algunos estados de Canadá y EEUU y una que otra isla del pacífico y unas dos o tres casas de unos amigos magallaneros) y que en su magia, en su encanto casi celestial pareciera estarse alejando de su esencia misma. Ya el fútbol no me sabe a gloria como antes, me comienza a oler a estafa. Ese juego del Fair Play debe comenzar por casa, ¿No?
El misticismo del cual se ha cargado continuamente la historia del fútbol, ese que lo transforma en batalla épica, en lucha memorable de leyendas contadas por los abuelos, de páginas borrosas de la historia, de héroes casi religiosos que descendieron del más alto monte para calzar un par de tacos y darle alegrías a una nación, de radios llenas de estática y ruido, con narraciones impulsadas por el mero afán de activar la máquina de las ilusiones de quien se encuentra a miles de kilómetros del estadio, parece estar a punto de desvanecerse. Ya la tecnología sobrepasó, con creces, al juego, o al menos a la dignidad de quienes pretenden dirigirlo.
Son incontables los capítulos negros de esta novela. Los dos goles de la jornada de octavos de final del día Domingo 27 son solamente una añadido más. Argentina se sale con la suya, México se descalabra (¿acaso no lo hacen siempre?) y Alemania, cortesía de un arbitro con impronta FIFA, se sacude un incómodo empate que la pudo llevar al final de su periplo. Al final el insigne jugador inglés Gary Lineker siempre tendrá razón cuando dijo, “el fútbol es un deporte donde juegan 11 contra 11 y en el que siempre gana Alemania”. Ya el fútbol comienza a parecerme algo injusto, y no se me ocurre otra cosa que pensar que la FIFA tiene la obligación histórica de poner fin a las injusticias que han plagado durante años las canchas.
Claro, al rato me pongo a pensar que en el amor y en esos juegos de pasiones las revanchas tardan en llegar. Es ahí cuando también pienso que el fútbol es eso, una relación amorosa que toma su tiempo, según se vea, para cobrarse las suyas. A los alemanes les tomó 44 largos años cobrarla a los ingleses. Francia recibió justo castigo por la mano de Henry casi instantáneamente, quizá tarde o temprano Maradona tendrá que pagar caro la famosa mano de Dios. El fútbol es eso, es pasión, repito incesantemente para justificar lo injustificable. ¿Pero acaso el amor necesita justificación?. Mi esposa me dice que no, ciertamente, pero en el amor hay honestidad, sinceridad, equilibrio, cuando este es verdadero. En el amor genuino ambos dan, ambos aprenden, ambos crecen.
De un tiempo para acá, siento que la FIFA no ama tanto como los que están del otro lado. Siento que la FIFA abusa un poco de su posición y con cierta ingenuidad trato de formar argumentos que justifiquen sus acciones. Lo hacen por el bien del juego, digo, cuando en realidad se han quedado atrás. La tecnología los sobrepasa y los delata, pero por sobre todo, hace que la pasión de la gente pueda comenzar a desaparecer. Sirve para quitar máscaras. El amor incondicional aguanta sus golpes, me dice mi esposa, pero si no hay justicia, si no hay balance, de a poquito se desvanece. Incluso puede transformarse en odio.
Con la jornada del domingo 27 se esfumó un poquito de ese amor. El fútbol es injusto, sin embargo otra vez me dejo vencer, ¿acaso no lo es la vida también?. El fútbol, siempre han dicho, no se una cosa de vida o muerte, es algo más importante que eso.
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